LA FIBROMIALGIA Y EL SINDROME DE ESTOCOLMO

 

Hay enfermos que no quieren curarse. Aunque parezca imposible, miles de pacientes no hacen nada por recuperar la salud en las malas enfermedades crónicas, entran en una espiral autodestructiva una base medicaciones masivas que acaban arrasando su organismo y su mente.
Hay personas que usan la enfermedad como coartada, se liberan de sus obligaciones laborales, sociales y familiares y se encierran en sí mismas y quedarse en autocompasión y arrojando balones fuera cuando se trata de aceptar la propia responsabilidad, estos enfermos acaban estableciendo con sus dolencias una relación De amor-odio muy parecida a lo que se conoce como “síndrome de Estocolmo”.
Los pacientes con discapacidades, como las madres trabajadoras que necesitan inexcusablemente su sueldo, personas sin ningún tipo de soporte económico o enfermos con hipotecas o deudas un largo plazo, no tienen más remedio que seguir adelante ante la dificultad de que el INSS les conceda una Incapacidad, sobreviviendo a basa de bajas, o excedencias, pero muchos de los que consiguieron una pensión o refugio en el seno de una familia protectora, arrojan la toalla y dejan de luchar por recuperar la salud y la autoestima. Admiro a las personas que luchan, que caen y se levantan, a las que jamás arrojan la toalla, a las que aceptan pero jamás se resignan; Respeto a las que esperan que los salve la campana, pero deben entender que tienen el combate perdido.
Las enfermedades de la sensibilidad central, no solo arrasan el cuerpo, también acaban enfermando el alma, y ​​este es quizás más terrible de sus efectos.

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