La ansiedad, esa emoción tan conocida, tan sentida por todos y sufrida en tantas circunstancias de nuestra vida. La ansiedad está presente cada vez que identificamos un posible peligro para nuestra supervivencia, pero también la invitamos a estar a nuestro lado en situaciones que no tienen por qué ser peligrosas si las analizamos de manera objetiva, aunque a nuestros ojos parezcan auténticas adversidades

La ansiedad, esa emoción tan conocida, tan sentida por todos y sufrida en tantas circunstancias de nuestra vida. La ansiedad está presente cada vez que identificamos un posible peligro para nuestra supervivencia, pero también la invitamos a estar a nuestro lado en situaciones que no tienen por qué ser peligrosas si las analizamos de manera objetiva, aunque a nuestros ojos parezcan auténticas adversidades.

La ansiedad nos acompaña con sus mejores intenciones, queriendo ser nuestra amiga, nuestra aliada, preparada para ayudarnos a luchar contra lo que nos puede dañar o bien a salir corriendo si es oportuno.
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Lo que la ansiedad no sabe es que a veces se convierte en un acompañante un tanto pesado y molesto y que en realidad; un peso que nos gustaría dejar atrás. Así, preguntémonos, ¿por qué se presenta la ansiedad en nuestra vida sin ser invitada? ¿Por qué es tan maleducada?

La realidad es que somos nosotros mismos los responsables de que la ansiedad asome de vez en cuando y es debido a cómo llegamos a interpretar las situaciones de nuestra vida diaria. La realidad es objetivamente la que es, pero a los ojos de cada persona puede verse de una manera o de otra.

La ansiedad por letras

Todas las emociones tienen un componente cognitivo o mental, otro fisiológico o emocional propiamente dicho y otro de conducta, referido a cómo nos comportamos al sentir la emoción. Además, las emociones suelen aparecer en un contexto espacial y temporal determinado. Son las llamadas situaciones antecedentes.

Hombre con ansiedad

Albert Ellis, el padre de la psicoterapia racional emotiva conductual, diseñó un registro denominado “Registro A-B-C” en el que desgranaba las emociones en sus partes. Lo que pretendía con estas descomposición era analizar todos los componentes, aunque para él, la raíz de todos los problemas emocionales se encontraba sobre todo en el componente cognitivo.

El A se refiere a la situación que hemos vivido, denominada situación riesgo o perturbadora. El B es el componente cognitivo, es decir, los pensamientos automáticos negativos y creencias irracionales que pasan por nuestra mente cuando nos encontramos con una situación determinada y la interpretamos y/o evaluamos.

Según la psicología cognitiva, estos pensamientos y creencias son producto de la educación recibida en la infancia, las experiencias tempranas vividas y la cultura en la que nos encontramos.
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Por último, tenemos el C, referido al componente emocional y conductual. Es decir, a qué sentimos en esa situación y cómo nos comportamos ante ella.

En la ansiedad estos tres componentes suelen estar bastante bien diferenciados y el tratamiento pasa por analizar qué situaciones me provocan ansiedad, que son aquellas que deberé enfrentar. Por otro lado, los pensamientos que debo cuestionar y modificar, así como el sentimiento propio de ansiedad y la manera de comportarnos.

El A en la ansiedad

El A suele suponer una situación de la vida que puede ser más o menos arriesgada para la persona. Aunque objetivamente la situación no tenga por qué entrañar ningún riesgo ni peligro, es vivida de esta manera. Las situaciones disparadoras o A’s pueden involucrar contenido social, fisiológico, familiar, de pareja…

Lo que cuenta no es el contenido, sino que el paciente sea capaz de identificarla claramente como un antedecente de su estado de ansiedad.

El B en la ansiedad

El B es el pensamiento o la cognición que determina el estado emocional de ansiedad. Aparece a razón de A, siendo personal y subjetivo de cada persona. No todas las personas tienen los mismos pensamientos en las mismas situaciones, sino que cada interpretación es un mundo y dos visiones de la misma situación no tienen por qué parecerse en absoluto.

En la ansiedad, los pensamientos suelen ser catastrofistas, dramáticos y también en forma de preguntas que anticipan el peor escenario posible. Algunos ejemplos de pensamientos ansiosos podrían ser: ¿Y si meto la pata en la cita? ¿Y si subo al avión y hay un accidente?

En la mayoría de los casos, estos pensamientos son muy exagerados e irrealistas y están basados en la creencia de que lo que peor es muy probable que ocurra. Una estrategia para combatir estos pensamientos pasa por saber diferenciar posibilidad de probabilidad.
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El que algo sea posible no lo convierte en probable. Es cierto que existen las tragedias, pero debemos estar dispuestos a tolerar esa incertidumbre de la vida si no queremos llevar a la ansiedad a cuestas todo el tiempo.

Mujer pensando

El C en la ansiedad

Por último, el componente C de la ansiedad, está dividido en dos: el C emocional, o emoción propiamente dicha y el C conductual, es decir, cómo actuamos ante determinada situación. La emoción ansiosa se caracteriza por su fisiología, que es altamente desagradable para la persona que la experimenta. Algunas manifestaciones de la ansie

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