El dolor crónico es la causa de una lesión, la enfermedad o la infección, aunque en otros casos esto aparece y continúa sin que haya antecedentes de acontecimientos de los cuentos. [1] Si quieres entender a las personas que sufren un dolor crónico, debes aprender acerca de este y saber qué decir y qué no.

Cómo entender a alguien que padece de dolor crónico
El dolor crónico es un dolor que perdura durante semanas, meses e incluso años. El dolor agudo es la respuesta natural que tiene el sistema nervioso ante una posible lesión. No obstante, en el caso del dolor crónico, las señales de dolor continúan de manera anormal. Esto puede ser tanto preocupante como agotador para las personas que lo sufren. En algunos casos, el dolor crónico se origina a causa de una lesión, enfermedad o infección, aunque en otros casos este aparece y continúa sin que haya antecedentes de tales eventos.[1] Si quieres entender a las personas que sufren un dolor crónico, debes aprender acerca de este y saber qué decir y qué no.

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Averigua más sobre el dolor que siente la persona. Cada persona que sufre un dolor crónico lo experimenta de manera única. Quizás sea útil si habla acerca de su condición y de su lucha diaria contra el dolor. Mientras más sepas acerca de las cosas por las que pasa una persona con dolor crónico, más apto estarás para entender lo que siente.
¿Esta persona sufrió un esguince en la espalda, una infección grave o hay una causa recurrente de dolor como la artritis, el cáncer o una neuropatía? Determina el momento en que se inició el dolor e investiga un poco o lee historias de personas que tengan problemas similares.
No obligues a una persona que sufre dolor crónico a que hable sobre cosas que no quiere mencionar. Para algunos, sacar el tema a colación solo les hará sentir peor.
Entre los malestares comunes producto del dolor crónico están el dolor de cabeza, el dolor en la espalda baja, dolor por artritis, dolor por daño en los nervios periféricos o el sistema nervioso central, o dolor sin un origen conocido.
Una persona puede tener más de un dolor crónico coexistente, como un síndrome de fatiga crónica, endometriosis, ciática, neuropatía periférica o enfermedad inflamatoria intestinal.
Ten en cuenta que las palabras podrían no ser adecuadas para describir la sensación de dolor de la persona. Recuerda un momento en el que hayas sentido mucho dolor e imagina que lo sientes las 24 horas del día, todos los días, durante el resto de tu vida. Es difícil encontrar las palabras para describir esa clase de dolor.

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Aprende el código. Existe una escala numérica de dolor que se utiliza para medir la intensidad del dolor con la finalidad de que el médico pueda comprobar la efectividad del tratamiento. Una escala del 1 al 10 describe el nivel del dolor donde 1 es “ningún dolor en lo absoluto” y 10 es “el peor dolor que se pueda sentir”. Pregúntale a la persona en qué número de esta escala se encuentra su dolor.
No asumas que la persona que sufre un dolor crónico no lo siente si dice que se encuentra bien. Muchas personas intentan ocultar el dolor debido a la falta de comprensión por parte de los demás.
Al preguntarles sobre su nivel de dolor, es posible que las personas que sufren un dolor crónico no indiquen el nivel real. Debido a que su dolor es crónico, están acostumbradas a sentirlo en un cierto nivel y podrían aceptarlo como algo normal o como si no lo sintieran en lo absoluto. Es posible que solo te proporcionen el nivel real cuando sientan un dolor agudo, cuando el nivel “normal” de dolor con el que viven a diario cambie, cuando experimenten un dolor diferente (p.ej. “punzante” en lugar de “vago”, o “ardiente” en lugar de “palpitante”) o cuando se les pida directamente los niveles actuales de dolor agudo y crónico.

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Reconoce los mecanismos de afrontamiento. Si tienes gripe, probablemente te sientas muy mal por unos cuantos días o semanas, pero haces tu mejor esfuerzo para desempeñarte como de costumbre. Las personas que sufren un dolor crónico probablemente se hayan sentido así por mucho tiempo. Probablemente hayan adoptado mecanismos de afrontamiento para ocultar su nivel real de dolor o quizás no tengan la fuerza para desempeñarse con normalidad.

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Ten en cuenta los síntomas de depresión. El dolor crónico puede provocar depresión secundaria (¿no te deprimirías si sufrieras dolor continuamente durante meses o años?). Si bien la depresión puede ser resultado directo del dolor crónico, esta no lo causa.
La depresión puede hacer que algunas personas muestren menos emoción, lo que a su vez puede ocultar el dolor debido a que quien lo sufre deja de expresarlo.[2] Siempre mantente atento a las señales de depresión y no confundas esta ausencia de emociones con el hecho de que hay menos dolor.
La depresión también puede hacer que las personas muestren más emoción (lloran, se sienten ansiosas, irritables, tristes, solas, sin esperanzas, con miedo al futuro, se agitan con facilidad, se enojan, se frustran, hablan mucho a causa de los medicamentos, necesitan expresarse y no pueden dormir). Esto, al igual que su nivel de dolor, puede variar día tras día, hora tras

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Sé de utilidad. La persona que sufre un dolor crónico depende en gran medida de aquellos que no están enfermos para que le brinden apoyo en casa o la visiten cuando esté demasiado enferma como para salir. En ocasiones, necesitará ayuda para bañarse, vestirse, realizar las tareas del hogar, etc. Quizás también necesite ayuda para ir al médico. Tú puedes ser su enlace con los aspectos “normales” de la vida y ayudarle a mantenerse en contacto con las áreas de la vida que extrañe y quiera retomar con desesperación.
Muchas personas ofrecen su ayuda, pero en realidad no están presentes cuando se les necesita. Si ofreces tu ayuda, asegúrate de cumplir tu ofrecimiento. La persona que sufre un dolor crónico cuenta contigo.
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Equilibra tus responsabilidades concernientes al cuidado. Si vives con una persona que sufre dolor crónico o apoyas regularmente a alguien como ella, necesitas mantener el equilibrio en tu propia vida. Si no te ocupas de tus propias necesidades, de tu equilibrio de salud y laboral, permanecer cerca de la persona afectada puede desanimarte. Evita sufrir de agotamiento al solicitar ayuda de otras personas y tomarte un descanso. Cuida de esta persona lo más que puedas, pero también recuerda cuidar de ti mismo.
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Trata a la persona con dignidad. Si bien la persona con dolor crónico ha cambiado, sigue pensando lo mismo. Recuerda quién es y las cosas que hizo antes de que el dolor empeorara. Sigue siendo la mente inteligente que obtuvo grandes beneficios en un trabajo que pudo haber amado, pero que no tuvo más elección que renunciar. Sé amable, atento y no actúes con condescendencia.
Castigar a una persona enferma por no continuar con algo la hará sentir peor y le demostrará que en realidad no entiendes. Aquellas personas que sufren un dolor crónico ya lidian con más cosas que la mayoría nunca podría comprender. Procura entender la razón por la que no podría seguir adelante con ello.
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Inclúyela en tu vida. Solo porque alguien no pueda realizar ciertas actividades con mucha frecuencia o haya cancelado con anterioridad no significa que no debas pedirle que te acompañe a realizar alguna actividad o que le ocultes tus planes. Puede haber algunos días en los que esa actividad sea manejable y el dolor crónico, lo suficientemente aislante, así que entiende y sigue incluyendo a esa persona en las cosas que hagas.
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Ofrécele un abrazo. En lugar de sugerirle alguna forma de aliviar su dolor, considera la posibilidad de ser empático y darle un abrazo delicado para indicarle que estás a su disposición para ofrecerle apoyo. Esa persona ya consulta con innumerables médicos que le dirán cómo solucionar o tratar su dolor crónico.
En ocasiones, el solo hecho de poner tu mano en el hombro de una persona puede ayudarle a sentirse cómoda. No olvides actuar con delicada y utiliza un tacto suave para ayudarle a relacionarse contigo.

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Deja las charlas motivacionales para tus hijos y tus compañeros de gimnasio. Ten en cuenta que el dolor crónico varía y una charla motivacional puede ser molesta y desmoralizadora para la persona que sufre el dolor crónico. Si quieres que haga algo, pregúntale si puede y respeta su respuesta.
Evita decir cosas como “¡Pero si antes lo has hecho!” o “Vamos, ¡sé que puedes hacerlo!”.
No des un sermón sobre lo importante del ejercicio y de respirar aire fresco. Para una persona que sufre un dolor crónico, estas cosas podrían no aliviar el dolor y a menudo pueden exacerbarlo. Decirle que necesita hacer ejercicio o algo más que le permita “distraer su mente” puede frustrarla. Si fuese capaz de hacer estas cosas en cualquier momento, lo haría.
Otra afirmación dolorosa es “Solo necesitas esforzarte más”. En ocasiones, realizar una sola actividad durante un corto tiempo puede provocarle más daño y dolor físico a una persona que sufre dolor crónico, sin mencionar el tiempo de recuperación, el cual puede ser intenso.
Una persona con dolor crónico no necesita que le digan cosas como “Eres demasiado sensible”, “Debes lidiar mejor con eso” o “Debes hacerlo por X, Y o Z”. ¡Es evidente que es una persona sensible! No tienes idea de las cosas con las que lidia o de la cantidad de dolor o la preocupación que debe afrontar.
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No finjas que eres médico. Las personas que sufran dolor crónico continuamente hablan con médicos en un esfuerzo por mejorar y hacer lo correcto para tratar su enfermedad. Es posible que no des el consejo correcto, sobre todo si no estás capacitado medicamente y no tienes idea de los problemas con los que lidia esa persona.
Mantén la delicadeza cuando sugieras medicamentos o tratamientos alternativos. Los medicamentos con receta, los de venta libre y las terapias alternativas pueden tener efectos secundarios y consecuencias involuntarias.
Algunas personas que sufren dolor crónico podrían no apreciar las sugerencias, pero no lo hacen porque no quieran mejorar. Es posible que ya lo hayan oído antes o lo hayan puesto a prueba. Probablemente no estén listas para lidiar con un tratamiento nuevo que pueda generar una carga adicional en sus vidas que de por sí ya están sobrecargadas. Los tratamientos que no han surtido efecto antes poseen el dolor emocional del fracaso, lo que puede hacer sentir peor a la persona.
Si algo curó o ayudó a las personas que sienten una forma particular de dolor crónico como el suyo, sugiéreselo a la persona afectada cuándo parezca receptiva y dispuesta a escucha. Ten mucho tacto con la forma en que sacas el tema a colación.
No le sugieras medicamentos si un médico ya se los ha recetado. El dolor es difícil de controlar y en algunas ocasiones las personas que lo sufren podrían necesitar más analgésicos que otras. La tolerancia NO es una adicción.
Evita actuar de manera crítica acerca del consumo de drogas por parte de quienes sufren dolor crónico.
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Nunca utilices frases “desechables”. No asumas que tienes un amplio conocimiento al decir cosas como “Bueno, así es la vida. Solo tendrás que lidiar con eso”, “Con el tiempo, lo superarás”, “Hasta entonces, tendrás que hacer tu mejor esfuerzo” o la peor de todas “Bueno, te ves bastante bien”, etc. Estas frases son una forma de distanciarte de la persona enferma. Con frecuencia, solo la hace sentir peor y sin esperanza.[5]
Las personas que viven sintiendo un dolor crónico saben cómo se sienten y son muy conscientes de su situación, así que evita expresarle a la persona afectada la forma en la que crees que debe sentirse.
Brinda frases de esperanza en lugar de frases desechables al decir cosas como “¿Cómo puedo ayudarte?” o “¿Hay algo que pueda hacer para aliviar tu dolor?”.[6]
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No compares los problemas de salud. No digas cosas tales como “He sufrido lo mismo antes y ahora me siento mejor”. Hacerlo demuestra tu falta de comprensión y hace que la persona que sufre un dolor crónico se sienta como un fracaso al no poder controlar lo que siente y que piense que los demás lo harían mucho mejor estando en la misma situación.
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Sé positivo. Es espantoso vivir con un dolor crónico, pero es aún peor cuando los pierden las esperanzas en quienes lo sufren, los malinterpretan o propagan la negatividad. La vida cotidiana puede ser difícil y muy solitaria para aquellas personas que sufren un dolor crónico. Es por ello que apoyarlas constantemente, ofrecerles esperanzas y demostrarles tu amor es crucial para comunicarte con ellas.
Reconforta a las personas que sufren un dolor crónico e indícales que siempre las apoyarás. ¡Un amigo leal es un salvavidas!

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Pregúntale sobre el tratamiento que sigue. Pregúntale a la persona afectada qué tan satisfecha se siente con su tratamiento. Es importante que hagas preguntas útiles acerca de si piensa que su tratamiento le resulta satisfactorio o si piensa que su dolor es soportable.[7] En raras ocasiones, las personas hacen “preguntas abiertas” de utilidad que puedan ayudar a quien sufre de dolor crónico a que se abra y hable de verdad.
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Pregúntale cómo está. No dejes de preguntarle cómo se encuentra solo porque la respuesta pueda serte incómoda. Podría ser la única oportunidad para demostrar que te preocupas por su bienestar y, si no te agrada la respuesta, recuerda que es su respuesta, no tu opinión.
Cuando la persona afectada finalmente se abra ante alguien, no es bueno decirle que “habla demasiado” o de que “es lo único de lo que habla”. Reconoce el hecho de que ese dolor probablemente sea una parte enorme de sus vidas. Es posible que no quiera hablar de cosas tales como sus vacaciones, las compras que hace, los deportes que practica o los chismes que hay.
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Ten en cuenta que el silencio también es bueno. En ocasiones, compartir el silencio es algo bueno y la persona afectada está feliz de que estés a su lado. No es necesario que ocupes cada minuto de la conversación con tus palabras. ¡Tu sola presencia dice mucho!
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Admítelo cada vez que no tengas respuestas. No utilices frases cliché o alegatos audaces que no estén basados en hechos para ocultar tu ignorancia. Existen muchas que incluso la comunidad médica desconoce sobre el dolor crónico. No tiene nada de malo decir “No sé” y ofrecerte a averiguarlo.
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Consejos
Editar
Recuerda que no es su culpa! Ellos no pidieron este dolor, por lo que molestarte sólo los hará decaer aún más.
Ofrécete a hacer las compras, enviar cartas, preparar algunas comidas, etc.
Recuerda que el dolor o malestar y las capacidades pueden variar en gran medida de un día para el otro.
Una sonrisa puede ocultar más de lo que crees.
Piensa realmente en toda la responsabilidad que acarrea el cuidado de alguien enfermo antes de salir con esa persona. Ten en cuenta que hay muchas cosas con las que deberás lidiar y si tienes la más mínima duda, NO TE MOLESTES en tratar de convencerte para hacerlo. Debes estar dispuesto o respetarte tanto a ti como a la otra persona al no forzarte a involucrarte en una situación como tener una relación. Pensar en que no puedes encargarte de alguien con problemas de salud no te convierte en una mala persona, pero sí lo hace cuando te molestas con ella o le echas la culpa de su enfermedad.
Las personas que sufren dolor crónico no inventan su enfermedad ni son hipocondriacas.
No olvides que las personas que sufren dolor crónico son tan normales como tú, aun cuando tengan problemas diferentes. Ellas quieren que las vean y que las quieran por quienes son.
Si bien es difícil, también puede ser satisfactorio cuidar a alguien enfermo o que sufra un dolor crónico. En ocasiones, tendrás la oportunidad de verla en buenas condiciones y comportándose más como sí misma. Tanto la persona a la que cuidas como los demás podrán reconocer y apreciar todos tus esfuerzos.
Debido a su relación con la depresión, con un aumento en las dosis de opiáceos para controlarlo y con el hecho de que se hace insoportable, el dolor crónico aumenta el riesgo de suicidio. Si tú o alguien que sufre de dolor crónico evidencia señales de depresión grave o tiene pensamientos suicidas, busca ayuda profesional.

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